Gazir ha llegado a Gijón en “modo concentración total”. Ya no quedan entrenos, ni compromisos, ni viajes a Madrid. Solo esperar al sábado e ir guardando energía para dejarla toda en La Laboral, donde el 7 de noviembre se medirá a 200 rivales seguidos en Gazir Contra Todos. El reto se explica en una frase y casi no se puede hacer: perder menos de diez batallas y llegar de pie a la última, contra Aczino.
Su logopeda, Alicia, lo resume así: esto “no lo podría haber hecho ni Pavarotti”. Él no lo discute. “A nivel teórico, trasladar eso a tantas horas parece de verdad imposible. El cuerpo no aguanta eso”. Y aun así va con todo. Con las costillas doloridas de tanto respirar, con una rutina para olvidar cada derrota en veinte segundos y con una frase ya escrita para el Gazir del domingo, el que se despertará sin voz: “Lo hicimos. Así de simple”.
Ya llevas unos días en Gijón. ¿Cómo estás? ¿Cómo suena la voz?
Bien. Los últimos días en Madrid fueron más estresantes: terminar los últimos entrenos, compromisos... He llegado a Gijón y aquí ya es modo concentración total. Ya casi no queda entreno. Ahora toca mantenerse hasta el sábado e ir acumulando energía para dejarla toda allí.
A nivel teórico, parece imposible. El cuerpo no aguanta eso, pero confío en que mi voz aguante
Hemos hablado con todo tu equipo y cada uno teme algo distinto. ¿Qué es lo que más te preocupa a ti?
Mi principal preocupación, es no conseguir el objetivo de derrotas. Y luego la parte física: que la voz se me vaya de repente, que quede tan dañada que no pueda seguir o que sufra mucho. Son mis dos mayores preocupaciones. Pero he estado tan metido en la rutina de entrenamientos que he podido olvidarme de ello. Ahora, intento que haya más confianza que miedo. Hay de las dos cosas, espero que gane la confianza.
Alicia, tu logopeda, dice que esto «no lo podría haber hecho ni Pavarotti». ¿Cómo se convive semanas con alguien que te dice que lo que vas a hacer es casi imposible?
¡Qué grande! (Risas). Cualquier profesional como Alicia, ve los volúmenes que manejamos, la agresividad, cómo estamos en una batalla y se queda impresionada. A nivel teórico, trasladar eso a tantas horas parece imposible. El cuerpo no aguanta eso. Pero en el freestyle también está la adrenalina, ese trance, el momento en el que conectas y das el cien por cien. Es así. Por eso, el proceso ha sido mejorar la técnica al máximo y cuidar cada detalle para alargar esa energía. Y el día del reto, confiar en que la voz aguante.
Pensaba que aguantaba 30 segundos sin respirar y he conseguido llegar a más de dos minutos
Respiraciones de monjes del Himalaya, tubos dentro del agua, nebulizadores... ¿Qué es lo más raro que has hecho para llegar hasta aquí?
Muchas cosas, pero lo de la respiración me dejó loco. Yo pensaba que aguantaba 30 segundos sin respirar. Con una técnica, el segundo día que la hice, estuve dos minutos. Cogí aire cinco segundos y aguanté otros dos minutos y medio. Todo seguido. Yo mismo pensaba: “Buah, ¿qué poder he despertado?”. He aprendido muchísimo en este proceso.
Dani, tu entrenador, dice que has trabajado «impecable y con mucha convicción», pero que al final de las simulaciones te pegaba el bajón. ¿Qué se apaga primero?
No es que se apague algo de repente. Hoy, en el ensayo, lo que más se resentía eran las costillas. A las cuatro horas me dolían bastante de respirar y al hinchar los pulmones tantas veces se nota. Luego están las piernas: cuando terminas y te sientas, te pega un bajón terrible. Tengo que aprovechar los descansos sin que me llegue ese bajón, por eso son tan cortos. Prácticamente no puedo descansar, para no enfriarme.
Los descansos son tan cortos para evitar que me dé un bajón físico que me impida recuperar. No puedo enfriarme
Después de tantas horas se entra en una especie de ‘modo automático’ en el que no sabes si lo estás haciendo bien o mal. ¿Se puede ganar una batalla sin saber si vas ganando?
Lo que voy a intentar es entrar en un trance en el que solo exista la batalla. Desconectar del resto de la realidad. Pero dentro de la batalla, estar muy despierto: cuál es la temática, quién es el rival, qué movimiento ha hecho, si se cae una botella de agua en ese momento. Atento y presente. No puedes acabar confiando en que tu nivel bajo sigue siendo suficiente.
Desconectar de todo lo que está fuera de la batalla, no de lo que pasa dentro
Cuando pierdes una batalla grande sueles necesitar estar solo. El sábado tendrás veinte segundos. ¿Qué vas a hacer con ese Gazir?
Es una de las complicaciones más serias. Lo he trabajado con mi psicóloga y creo que la clave es tener la misma rutina si gano que si pierdo. Asumir lo que ha pasado, sacar alguna conclusión que me sirva, pero en segundos. Y luego desconectar, dejarlo atrás, olvidarlo por completo e ir a la siguiente. Esa rutina, batalla a batalla, siempre: cuando gane y cuando pierda.
Muchos rivales, sobre todo los menos conocidos, llevan semanas estudiándote. ¿Qué te da miedo que te tiren?
Contestar, me apetece cualquier cosa. La dificultad será cuando me tiren lo mismo en 40 batallas distintas. Ahí tienes que rebuscar la originalidad para responder de otra forma a algo que ya has contestado diez veces, seguir convenciendo al mismo público y a ti mismo, y encontrar caminos nuevos. Quizá esa sea la principal dificultad con los rivales.
Batallar con Aczino ya es suficientemente motivante
Batalla 200, contra Aczino. ¿Prefieres llegar con algo en juego o con el reto ya hecho?
Aunque llegue con el reto hecho, me sobra motivación, porque batallar con Aczino ya es suficientemente motivante. Además, el reto tiene dos vertientes: perder menos de diez y aguantar las 200 batallas. Así que la número 200 va a ser importantísima, vaya como vaya el marcador. Voy con todo en cualquier caso.
Aarón, tu manager, asegura que vas a ser «la persona más reconocida y más influyente de esta disciplina». ¿Te pesa escucharlo?
Me da orgullo y motivación, pero no es algo a lo que apunte. Un proyecto como este no se hace por eso, aunque sabemos que es uno de los extras que puede traer. Me gusta poder aportar no solo con títulos, resultados o rimas, sino también con proyectos, con cosas que van directamente al movimiento. Y si eso luego ayuda a que el freestyle crezca, me encantaría.
Me hace mucha ilusión que esté mi padre
¿Quién va a estar en La Laboral por ti y no por el freestyle?
Mis padres, mi hermana y mis amigos. Mi madre me ha seguido por toda España en casi todas las finales importantes; siempre buscaba la forma de poder ir. Mi padre no ha visto tantas. Así que me hace mucha ilusión que esté allí viéndome.
Tu equipo te pidió que dejaras de entrenar unos días antes y contestaste: «Yo me conozco». ¿Qué sabes de ti que los demás todavía no saben?
Me conozco. Hasta sé qué camiseta me hace sentirme ganador o perdedor en una batalla. Y conozco la sensación que me da terminar un freestyle con nivel, ese plus de «buah, qué bien estoy», aunque le dedique incluso más tiempo del que debería.
Sé hasta qué camiseta me hace sentirme ganador o perdedor en una batalla
Es 7 de noviembre y lo has conseguido. ¿Qué le dices a ese Gazir?
Que espero que lo haya disfrutado mucho. Yo todavía no lo he vivido, me quedan unos días, y tengo muchas ganas de vivir cada segundo. Seguro que ahora mismo tantas horas me parecen muchas, pero a él se le habrá pasado rapidísimo. Que haya estado muy presente y que haya vivido mucho el evento.
¿Y al chaval que empezó en el freestyle y seguía pidiendo más cuando sus amigos ya estaban cansados?
No tengo forma de agradecérselo todo lo que se merece, pero intentaría devolvérselo. Que use todo lo que ha ganado con el freestyle para comprarse la bicicleta que más le gustaba y todas las cartas Pokémon de aquella época, que ahora valdrían una pasta. Y darle las gracias por apuntar tan alto, aunque pareciera una locura.
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