Una mezcla entre ritual y deporte extremo, el Bull Jumping (Ukuli Bula) de la tribu Hamer que habita el sur de Etiopía es una de las nuevas atracciones turísticas más llamativas del continente africano durante el verano y consiste, como su nombre lo indica, en saltar a un grupo de toros alineados en fila, desnudo y sin caerse ni una sola vez. Esta es la culminación de la larga jornada que tiene que hacer un miembro de la tribu (El Ukuli) para ganar el derecho a casarse y convertirse en guerrero, un salto de la inmadurez al mundo adulto.
Por la mañana los Maza, hombres de la tribu que recientemente pasaron el ritual pero todavía no se casan, pintan sus caras uno al otro, adornados con pulseras, collares y diademas de colores mientras las mujeres arreglan su cabello en trenzas mezcladas con arcilla roja y se arreglan vistiendo pieles de animales decoradas con conchas marinas, pulseras de metal y cascabeles en los pies, dando el look característico de los Hamer. A continuación, ellas danzan en círculos al sonido de un cuerno con cantos tribales y silbidos y al calor del café ritual, hervido al borde de la pista de baile que poco a poco las lleva al trance. Entre esas mujeres se encuentra la próxima esposa del iniciado, por lo que el novio espera impaciente el último rayo de sol que indica que puede saltar a los toros, observando con su corte de pelo mitad a rape y mitad afro.
Según la Autoridad Central Estadística de Etiopía, los Hamer son un grupo de aproximadamente 42,000 personas que viven en el Valle del Omo de la sabana etíope, en grupos semi-nómadas que cambian de hogar cada que los recursos de una región se han agotado para regresar a ellos una vez que la naturaleza se ha renovado. Este contacto con el ecosistema los mantiene en uno de los esquemas de creencia más antiguos de la humanidad: el animismo, que consiste en venerar y temer a los espíritus sin una religión estructurada ni una economía compleja. Es por ello que los rituales como el Bull Jumping que demuestran la fuerza y habilidad física para ser un guerrero útil para la comunidad, son la clave para ser digno de hacer una familia, o en el caso de los Hamer hasta 4, ya que lo normal aquí es tener hasta cuatro esposas.
Al aproximarse el atardecer, las mujeres se dirigen a los corrales para guiar a los bovinos hacia el área de salto. Sin ponerles un dedo encima, ya que es en el ganado en donde reside gran parte de la riqueza de la comunidad, guían hasta 15 toros hacia una fila en donde los hombres pintados los sostienen de los cuernos mientras el protagonista de la noche salta cinco veces sobre sus espaldas y culmina el evento. Ahora el Ukuli es Cherkari, un estado transicional del espíritu que después de ocho días se convierte en Maza y permanece así hasta que con el matrimonio se convierta en Danza, un Hamer casado.
Desde el punto de vista occidental, resulta difícil comprender la lógica de las tribus que a pesar de estar en contacto con el mundo exterior prefieren mantenerse aisladas entre los arbustos, viviendo de la caza, recolección y trueque, con una pequeña entrada de dinero extra de los “faranyis”, nombre con el que denominan a los extranjeros que cada vez más los visitan y fotografían. Etiopía es una nación extremadamente variada que hasta hace algunos años permaneció cerrada al turismo por una complicada situación política que, mezclada con sequías y conflictos interétnicos, sentenciaron el destino de una nación que apenas parece salir del rumbo de la pobreza y abre sus puertas al mundo.
Para conocer más del trabajo de Rodrigo Jardón y su visita a Etiopía, fotógrafo colaborador de Red Bull México, puedes visitar su exposición "Etiopía: rostros ancestrales y lugares sagrados" en la Galería Abierta Gandhi en las Rejas de Chapultpec.