Gaming
Despertar, presionar "snooze" un par de veces para callar ese horripilante timbre, lavarse los dientes, subir al transporte público y aprovechar el rato para dar Like o RT a algunas imágenes en redes sociales, llegar a la oficina, hablar por teléfono con tu madre en monosílabos, volver a casa, repetir el ciclo. Acciones más, acciones menos, las vidas de la mayoría de nosotros ocurren de manera similar a este loop interminable. ¿Qué caso tendría, entonces, jugar un videojuego que trata sobre eso?
A decir verdad, cuesta trabajo catalogar a Florence como un videojuego. “Una historia interactiva”, dice el subtítulo del jue… de esta experiencia que también presume tratar acerca “del amor y de la vida”. Y no miente.
Florence Yeoh, de 25 años, tiene una vida común y un trabajo común en un mundo común. Y entonces conoce a un chico y se enamora y siente que su vida común es distinta a la del resto del planeta, justo de la misma manera en que cualquier otro individuo se cree distinto de la humanidad al enamorarse. Florence es una experiencia sobre el amor y la vida y, por mundano y trivial que eso suene, es una experiencia recomendable y disfrutable. Comencemos porque es creación de la misma persona que hizo esa hermosura llamada Monument Valley.
Ken Wong –así se llama el director de Monument Valley– y cuatro otras personas desarrollaron esta historia interactiva con el respaldo de Annapurna Interactive, probablemente la compañía editora más interesante ahora en el mundo de los videojuegos. Annapurna Interactive es parte de un grupo más grande llamado Annapurna Pictures, responsables de la existencia en el cine de Zero Dark Thirty y La fiesta de las salchichas, y tienen entre sus títulos anteriores en el mundo de los videojuegos a What Remains of Edith Finch y los futuros Ashen (un Dark Souls cooperativo), The Artful Escape (una cosa hermosa en la que cargas una guitarra eléctrica tipo Guitar Hero que te sirve de arma y vehículo a la vez) y Wattam (creación de Keita Takahashi, papá de Katamari Damacy). Si algo puede inferirse a través de sus creadores es que Florence es algo especial.
Experimentar los cerca de 45 minutos divididos en múltiples actos que se conforman en total por cerca de 15 capítulos no es una actividad particularmente divertida. Sin embargo, la sutileza con la que Mountains consigue traducir la coherencia de participar en una charla a través de pequeños rompecabezas con forma de globo de texto; de cómo imprime dramatismo en el paso del tiempo al hacer al jugador girar las manecillas de un reloj mientras los personajes envejecen; de decidir qué objetos mudar a un librero y cuáles enviar al cuarto de cachivaches, todo mientras narra sin palabras la historia de Florence, decorada únicamente con una hermosa pista sonora y un diseño de personajes simple y poderoso, resulta cautivadora. No es difícil involucrarse emocionalmente con la protagonista y querer decidir los acontecimientos de su porvenir, pero uno es simplemente espectador de una vida común y corriente determinada por el azar. Y justo esa cercanía y ese sabor a realidad es lo que hacen que los 59 pesos que hay que pagar por Florence valgan la pena: es mundana y es real y es rutinaria, pero también es una vida representada de una manera hermosa.
Florence ya está disponible para iOS y Android. ($59 MXN)