Una de las claves a la hora de lograr un desafío físico extremo es la mentalidad. La capacidad de procesar mentalmente alturas, distancias, riesgos y esfuerzos extremos sin caer en el desaliento cuando todavía no se ha alcanzado el objetivo deseado.
Bienvenido al mundo de Michael Strasser, un atleta de 36 años especialista en deportes extremos. Para él cualquier locura es algo totalmente normal. Quizá el secreto es qué se entiende por normal. Si a alguno de nosotros nos dijeran que tenemos que hacer 23.000 km en bici, pensaríamos que alguien se había vuelto loco; pero desde el punto de vista de Michael Strasser si la distancia es menor que esa, ni siquiera merece la pena coger la bici.
Vale, lo admitimos, cuando sale a entrenar Michael Strasser no siempre supera la barrera de los 1.000 km, pero el plusmarquista entrena cada día para estar preparado a la hora de enfrentarse a sus retos. Por ejemplo, el increíble proyecto Ice 2 Ice en el que recorrió en bici el continente americano en su totalidad, desde Alaska hasta la Patagonia.
A la hora de alcanzar tu objetivo, además del esfuerzo físico, en las situaciones extremas el ‘músculo’ más importante es la cabeza. “Necesitas desarrollar tu fuerza mental paso a paso. Estuve 12 años trabajando en ello antes de embarcarme en el proyecto Ice 2 Ice. Trabajé en el aspecto mental durante más de una década para estar preparado a la hora de lidiar con todo lo que me esperaba en un viaje de 23.000 km”, explica Michael Strasser.
Más que la suma de sus partes
Michael Strasser ha consultado a varios entrenadores mentales y se ha dado cuenta de que emplea de forma intuitiva un gran número de estrategias y técnicas mentales para alcanzar sus objetivos. Su enfoque más importante es trocear todo lo que tiene por delante. En su mente intenta dividirlo todo en partes más pequeñas.
“Esa es la clave del asunto. No hago 300 km en un día, sino que en mi cabeza lo divido en tres partes, por lo que solo hago 100 km tres veces. Es una distancia que puedo aceptar y me da un punto de referencia. Después de cada 100 km, me doy un premio, por ejemplo una barrita energética. Es como si me pusiese una zanahoria delante de mis narices”, explica el atleta.
“No hago 300 km en un día, sino que en mi cabeza lo divido en tres partes, por lo que solo hago 100 km tres veces”.
Engañar al cuerpo
Muchos límites son imaginarios, pues los seres humanos se pueden adaptar con rapidez a las condiciones si están preparados para ello. Hace semanas estuve montado en bici por el lago Baikal en Siberia y la temperatura era de -20° C. Se trata de un frío fuera de lo común, pero para la gente que vive allí es algo normal. Se han acostumbrado a esas condiciones”, explica Michael Strasser.
Así es como se entrena para los retos que le esperan en sus viajes extremos en bici. “Estoy convencido de que debes simular todos los supuestos que puedas. Si no tienes una solución en tu cabeza para un problema, este te pondrá a prueba en una situación extrema y a menudo puede significar el final de la carrera”, dice.
Por supuesto, los últimos días de una carrera extrema son especialmente difíciles, o especialmente fáciles, depende del punto de vista. “Cada día repaso en mi cabeza una serie de cuestiones: ¿qué parte de mi cuerpo me duele? ¿Podría morir haciendo esto o es ‘solo’ dolor? Si me he roto una mano continúo porque eso no me va a impedir alcanzar mi objetivo. Pero el cuerpo solo lo puede lograr si la cabeza lo desea al 100 por ciento”, dice Michael Strasser.
“Cada día repaso en mi cabeza una serie de cuestiones: ¿qué parte de mi cuerpo me duele? ¿Podría morir haciendo esto o es ‘solo’ dolor?”.
Motivación
Si conoces a Michael Strasser sabrás que para él la música juega un papel muy importante, tanto cuando quiere ponerse a prueba como cuando lo que pretende es relajarse. “La música me ayuda mucho. Tengo varias playlists preparadas, cada una para una situación diferente. Muchas canciones de Parov Stelar me dan energía, con esa música no me puedo estar quieto, es algo ideal a la hora de motivarme”, explica.
En los momentos de debilidad piensa de la siguiente manera: “Es un privilegio el que pueda practicar este deporte porque tengo salud. Además, cuento con la financiación necesaria gracias a mis patrocinadores. Estos privilegios para mí suponen una gran motivación. ¿Cuánta gente tiene la oportunidad de hacer algo así? Por eso me sentiría culpable si abandonase por las buenas en un proyecto como Ice 2 Ice”, continúa.
En sus charlas, Michael Strasser habla mucho sobre las dificultades y cómo lidiar con ellas. “Podría pasar horas simplemente mostrando fotos muy bonitas y filosofando sobre mis éxitos, los récords que he conseguido y los aspectos positivos, pero no hago eso. Hablo de los problemas y de las situaciones difíciles, porque es importante enseñarle a la gente que esa es la clave del éxito. No te puedes rendir cuando llegan las dificultades. Tienes que estar preparado desde el punto de vista físico y mental para encontrar las soluciones”, añade.
La depresión
“Cuando viajo con ciclistas inexpertos, lo tengo casi cronometrado, después de unos 90 minutos, el estado de ánimo y las fuerzas comienzan a decaer. Esto se debe a que se está acabando la reserva de carbohidratos. A partir de ahí te entra hambre y empiezan los primeros problemas de motivación. Una vez que llega el hambre de verdad no lo vas a poder solucionar sobre la marcha con una simple barrita energética”, dice.
Intentar lo imposible
Albert Einstein dijo aquello de: “Si al principio la idea no es absurda, entonces no hay esperanza para ella”. Esta es la misma filosofía que guía la vida de Michael Strasser. “Hace 12 años era un reto para mí hacer en la bici 120 km alrededor del lago Neusiedl. En 2016 conseguí el récord del mundo tras ir en bici desde Cairo hasta Ciudad del Cabo, pero antes de cruzar África esa gesta me parecía algo imposible. Tienes que enfrentarte a situaciones extremas, dominarlas y aprender de ellas. Es la única forma en la que vas a avanzar, a crecer, a superar tus debilidades y a encontrar soluciones”, confiesa.