Primer Mundial de Sam Bloom
© Cameron Bloom
Surf

Sam Bloom superó su parálisis para ser campeona del mundo de surf

Un accidente dejó a la surfista Sam Bloom paralizada de pecho para abajo. Gracias al apoyo de sus amigos, y de algunos extraños, fue capaz de dominar las olas de nuevo.
Por Steve Madgwick
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No hay un manual que puedas seguir a la hora de recuperarte de una terrible lesión, que no solo ha cambiado tu cuerpo, sino que ha transformado tu vida para siempre. Hay que superar una rehabilitación infinita, además de multitud de barreras mentales. A partir de ahí llega el momento de reinventar tu vida.
Si, por ejemplo, quieres regresar al surf, un deporte que amabas, ¿por dónde empiezas?
La surfista Sam Bloom reinició su vida después de que su existencia cambiase para siempre a raíz de quedar discapacitada a causa de un accidente. “Hay personas increíbles que aceptan completamente su lesión, pero yo no. La odiaba demasiado como para aceptarla”, dice Sam.
Sam Bloom y su familia al comienzo de una jornada de surf.
Una familia surfista
El surf lo era “más o menos todo” durante la adolescencia de Sam Bloom, que pasó en las playas de Sídney. La zona de olas que tenía cerca de casa se llama North Bilgola y para ella siempre había sido “un lugar feliz”. Luego, durante unas vacaciones familiares en Tailandia en 2013, sufrió una caída de seis metros desde un balcón podrido hasta el suelo de cemento. Ahí no solo se destrozó su espalda, sino su vida tal y como la conocía hasta ahora.
La activa enfermera, que tiene tres hijos, quedó paralizada del pecho para abajo. Luego, tras siete ansiosos meses en el hospital, Sam volvió a su “lugar feliz” pero las cosas no fueron bien.
“Mi marido, Cam, me llevó a darme un baño. Había un amigo en una tabla de surf que me decía: ‘Vamos, Sam, súbete’. Al final me convenció y me empujó hasta la ola. Pero yo pensé: ‘no, esto no es surfear’. No quería volver a intentarlo”.
“En las competiciones surfeo olas muy grandes, no tengo miedo, siempre que haya la suficiente profundidad. Sé que hay mucha ayuda y alguien me va a echar una mano”.
Sam Bloom
Casi cinco años más tarde, un acto de bondad de una desconocida con un hijo famoso le hizo cambiar de opinión.
“Recibí una carta preciosa de Nola Wilson (la madre del surfista de Red Bull Julian Wilson). Yo no la conocía en persona. Me dijo que sabía lo mucho que el surf significaba para mí, por lo que debería volver a subirme a la tabla. Así que eso fue lo que hice”, explica Sam.
En los comienzos la batalla contra el dolor físico fue insoportable, lo que le afectó de forma muy negativa en el aspecto mental. “Nada me dolió más que cuando el médico dijo que no volvería a caminar. Nunca quise ser una espectadora. No es lo que soy. Durante el primer año estuve muy deprimida. Todo parecía imposible. Echaba de menos jugar con los chicos. Me echaba de menos a mí misma”, explica.
Sam Bloom surfea en North Bilgola, cerca de su casa en Australia.
Sam Bloom ha vuelto a surfear
Sam confiesa que estaba a punto de rendirse. Su confianza estaba “a cero”, hasta que su hijo menor trajo a casa una sorpresa: una cría de urraca que estaba herida. La familia decidió llamarle “Pingüino”.
“Creo que gracias a la urraca recobré mi confianza. Antes de eso estaba convencida de que era la peor madre, la peor esposa y la peor amiga. Cuando encontramos a Pingüino me di cuenta de que era capaz de cuidar a alguien, no era tan inútil como pensaba. Aunque parezca extraño, me dio esperanzas. Su recuperación me ayudó a sentir que tenía una misión”, comenta Sam.
Cuando Sam habla de “volver a la tabla”, es su humilde manera de decir que ha ganado dos títulos de World Para Surfing Championships (2018/2020) (Campeonato del Mundo de Surf Adaptado), después de que en 2018 pasase a formar parte del Equipo Australiano de Surf Adaptado.
“Cam me empuja desde atrás hacia la ola. Un amigo está en la orilla para recogerme y llevarme otra vez para adentro. Es un poco rollo porque de alguna manera puedo remar si el mar está plano, pero no puedo echar la espalda hacia atrás y levantar mi pecho para coger la ola”, explica.
Tom Carroll, Sam y Mary Graham sentados en la playa.
Tom Carroll, Sam y Mary Graham
La atleta, que se describe como una “pequeña cosa de 154 cm”, utiliza una tabla corta Luke Short Designs con una agarradera delante y dos especies de ‘aletas’ para sujetar sus piernas. Para girar, ejerce presión sobre la agarradera y cambia el peso de su cuerpo.
“No me gusta que las olas me den mucha paliza porque si me caigo solo tengo los brazos. En las competiciones surfeo olas muy grandes, no tengo miedo, siempre que haya la suficiente profundidad. Sé que hay mucha ayuda y alguien me va a echar una mano”.
Sam se mantiene en contacto con otras rivales a través de Instagram y Facebook, además de practicar con algunos atletas de surf adaptado que viven cerca.
“A veces me pongo un poco de mal humor porque obviamente no es como antes. Pero, cuando surfeo bien, cuando estás ahí con tus amigos, entonces es como en los viejos tiempos”.
Sam Bloom
Sam Bloom busca su tercer Campeonato del Mundo pero asegura que su objetivo no es tener la casa llena de trofeos.
Sam surfea con su hijo Noah en Bilgola, Australia.
Sam y Noah
“El surf es fenomenal para la cabeza. A veces me pongo un poco de mal humor porque obviamente no es como antes. Pero, cuando surfeo bien, cuando estás ahí con tus amigos, entonces es como en los viejos tiempos. El ambiente en las competiciones es excelente. Por supuesto, hay diferentes tipos de lesiones, pero todo el mundo está feliz por tener la oportunidad de estar juntos en el agua. Me hace sentir ‘normal’, como antes”, confiesa.
Sam Bloom no entiende que en el siglo XXI no haya cura para lesiones como la suya. Es embajadora de Wings for Life, la organización caritativa que financia la investigación para encontrar soluciones médicas a las lesiones medulares.
La vida de Sam desde luego no es normal y hasta existe una película titulada ‘Penguin Bloom’ en la que la actriz Naomi Watts interpreta el papel de Sam.
“Es extraño que haya una película sobre tu vida pero al mismo tiempo es algo que mola. Cuando Naomi se tenía que vestir delante de la cámara, yo decía: ‘no, no, tienes que ir más despacio para que parezca real’. Fue fantástica a la hora de estar enfadada y llorar un montón. Pensé: ‘¡Sí, así es!”.