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De vuelta al pasado: Ridge Racer
Recordamos la historia de uno de los clásicos del arcade: Ridge Racer.
Los jugadores de hoy en día parecen haberse decantado por las simulaciones hiperrealistas, con un manejo auténtico del coche, y una degradación de los neumáticos precisa, pero no hace mucho tiempo los gamers se mostraban indiferentes ante estas características.
Ridge Racer, de Namco, es un juego que te permite experimentar cómo se maneja un motor actual en carretera abierta. Durante muchos años, sin embargo, fue la franquicia favorita para aquellos amantes de los coches que preferían una experiencia arcade gratificante en lugar de una excesivamente veraz.
Lanzado en 1993, Ridge Racer – junto con Virtua Racing de Sega – fue uno de los primeros juegos de conducción que supo optimizar los gráficos, conformando los objetivos a partir de polígonos. Namco (ahora conocido como Bandai Namco) no era ajeno al género y, como Sega, ya había producido con anterioridad otros títulos de carreras. Ridge Racer, sin embargo, marcó una nueva era para el género; ateniéndonos a los estándares de hoy en día, los gráficos se ven un poco toscos, pero en los 90 asombraron al mundo.
Ridge Racer carecía de coches y localizaciones reales, pero esto permitió a Namco crear un título más impactante, visualmente hablando. Los vehículos eran de colores brillantes y llamativos, mientras que los caminos y carreteras que encontrábamos en el arcade original eran unos paisajes urbanos en expansión, que incluían vistas increíbles, y playas de aguas azules bañadas por el sol. Del mismo modo, la música del juego conjugaba una selección de temas techno que complementaban a la perfección a la acción que se sucedía en pantalla. En una ruidosa y abarrotada sala, los juegos necesitaban destacarse entre los demás, y Ridge Racer supo hacerlo.
Pero no fueron solo los gráficos 3D y la música lo que llamó la atención del público. El concepto en sí no era nuevo – Nintento ya había lanzado el clásico Super Mario Kart –, pero Namco consiguió elevar el arte de deslizarse por las curvas hasta el siguiente nivel.
Simplemente, levantando el pie del acelerador y girando a la izquierda o a la derecha el coche se deslizaba elegantemente, lo que te permitía negociar sin esfuerzo las curvas a velocidades de vértigo y marcarte unas derrapadas salvajes. No se trataba de un juego particularmente realista – parecía que el coche estaba dando vueltas en una placa giratoria en lugar de en una carretera –, pero tenía un toque distinto a los demás que se convirtió en su seña de identidad. No son pocos los que recuerdan con cariño su primera derrapada en el Ridge Racer.
Un hecho remarcable para la época: Ridge Racer repetiría el mismo display en la PlayStation de Sony un año después.
La versión doméstica – lanzada en 1994 y desarrollada en solo seis meses – fue sorprendentemente fiel al original y, para muchos gamers, fue el título que permitió a Sony obtener cierta ventaja frente a su rival Sega en la carrera por el triunfo en las consolas de 32-bits.
Con un gran éxito de crítica y público, Namco sabía que la creación de Ridge Racer había sido todo un acierto. Así, no esperaron mucho para lanzar una semi-secuela, Rave Racer (1995). Ésta ofrecía la misma experiencia que su predecesora, pero el entorno urbano era más amplio. En 1996 llegó Rage Racer, con un estilo visual más moderado (los colores brillantes de los coches se tornaron en realistas marrones, grises y negros).
Más tarde, apareció la que es considerada por muchos como la mejor edición doméstica de la franquicia: R4: Ridge Racer Type 4, un juego que colocó el listón muy alto gracias a su impresionante calidad.
Poco después, llegaría al mercado el primer título de la serie no-Sony: el Ridge Racer 64 para la Nintendo 64. Éste aparecía en las tiendas al mismo tiempo que el Ridge Racer V para la PlayStation 2, un título que continuó la tradición de la franquicia de lanzar un nuevo juego a la vez que Sony presentaba un nuevo hardware.
A pesar de la adhesión de Namco al espíritu ‘Ridge Racer’, en los últimos años ha habido intentos de diversificar la serie. Así ocurrió en 2003 con R: Racing Revolution, un título que trató de casar las derrapadas salvajes con una experiencia de conducción más auténtica. Incluso introdujo coches del mundo real y eventos automovilísticos.
Más recientemente, Ridge Racer Unbounded – desarrollado por Bugbear Interactive – puso el acento en los accidentes masivos. El hecho que de que no fuera un éxito de ventas ni de crítica pone de manifiesto que Ridge Racer es algo más que un producto de su tiempo y que cualquier intento de actualizarlo es probable que sea recibido con hostilidad por parte de los fans de la saga. La serie de Namco es una reliquia del pasado, pero aún a día de hoy merece la pena sacarla del garaje para dar alguna vuelta.
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