El equipo ganador, T1, en el Campeonato Mundial de League of Legends celebrado en Seúl, Corea del Sur, el 19 de noviembre de 2023.
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Cómo Corea del Sur se convirtió en la gran potencia de League of Legends

Corea del Sur domina League of Legends desde hace más de una década. Pero su éxito no es casualidad. Estas son las claves que explican por qué sigue siendo la referencia mundial del juego.
Por Jack Stewart
8 minutos de lecturaPublished on
Hay una pregunta que lleva años acompañando a League of Legends. ¿Cómo ha conseguido Corea del Sur mantenerse por delante del resto del mundo durante tanto tiempo? Su dominio ha sido tan constante que, para muchos aficionados, ganar un Mundial parece casi sinónimo de derrotar antes a un equipo de la LCK.
No ocurre igual en todos los esports. Europa, por ejemplo, continúa marcando el ritmo en Counter-Strike. Sin embargo, cuando se habla de League of Legends, ninguna región ha conseguido sostener el nivel competitivo de Asia y, especialmente, el de Corea del Sur.

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Los números ayudan a entender esa superioridad. De los 15 Campeonatos del Mundo disputados hasta la fecha, diez han acabado en manos de equipos surcoreanos. Y eso que el país ni siquiera participó en la primera edición. Durante sus primeros años, los jugadores coreanos competían en servidores extranjeros y soportaban una latencia mucho mayor al no disponer de un servidor propio.
Todo cambió en 2013 con la llegada del servidor surcoreano de League of Legends. Desde entonces, los equipos de la LCK han conquistado diez de los trece Mundiales celebrados. Seis de esos títulos pertenecen a T1 —antes SK Telecom T1— y a Lee "Faker" Sang-hyeok, considerado por muchos el mejor jugador de la historia de los esports.
Los jugadores del equipo T1 se enfrentan en el Red Bull League of Its Own, celebrado en Berlín, Alemania, el 9 de diciembre de 2023, con una acción trepidante y una iluminación escénica espectacular

Lee «Faker» Sang-hyeok es el mejor jugador de LoL de todos los tiempos

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Sin embargo, reducir el éxito de Corea del Sur a la figura de Faker sería simplificar demasiado la historia. Su dominio es el resultado de décadas de inversión, una cultura profundamente ligada al PC y un sistema capaz de producir talento de forma constante hasta convertir al país en la gran potencia de League of Legends.
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Una velocidad de internet que el resto del mundo envidia

Si existe un lugar donde jugar en PC siempre ha tenido ventaja, ese es Corea del Sur. Durante años ha liderado los rankings de velocidad media de internet y esa apuesta tecnológica terminó convirtiéndose en uno de los grandes pilares del desarrollo de los esports. Roland Li lo explica en su libro Good Luck Have Fun: The Rise of eSports, donde señala la infraestructura digital del país como uno de los factores decisivos de este fenómeno.
El origen de esa transformación se remonta a la crisis financiera asiática de 1997. Tras el duro golpe económico, el Gobierno surcoreano invirtió alrededor de 11.000 millones de dólares en modernizar la red nacional de telecomunicaciones, impulsando el paso de una economía basada en la industria hacia otra centrada en la tecnología y las comunicaciones.
Aquella inversión tuvo un efecto inmediato. El acceso a conexiones de banda ancha rápidas, estables y asequibles hizo que jugar en PC se convirtiera en una de las formas de ocio más populares y económicas del país.
A esa revolución tecnológica se unió un factor cultural igual de importante. Mientras consolas como Nintendo o PlayStation nunca alcanzaron el mismo impacto que en otros mercados, el ordenador terminó consolidándose como la plataforma de referencia para varias generaciones de jugadores surcoreanos.
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Una cultura del videojuego profundamente arraigada

La infraestructura fue solo el primer paso. El verdadero salto llegó cuando los videojuegos dejaron de ser un simple pasatiempo para convertirse en una parte más de la vida cotidiana. Mientras en muchos países todavía se asociaban a una actividad individual, en Corea del Sur jugar era, desde muy pronto, una forma de reunirse, competir y compartir tiempo con los amigos.
Ese cambio estuvo estrechamente ligado al auge de los PC bangs. Aprovechando la rápida expansión de internet y una economía todavía marcada por la crisis, muchos trabajadores que habían perdido su empleo comenzaron a abrir estos cibercafés especializados en videojuegos.
Los PC bangs ofrecían acceso a ordenadores de alto rendimiento por muy poco dinero y, con el paso de los años, acabaron convirtiéndose en un auténtico fenómeno social. Hoy se calcula que existen cerca de 10.000 repartidos por todo el país.
La escena se repite cada tarde. Miles de estudiantes salen de clase, se reúnen con sus amigos en un PC bang, piden un bol de ramen instantáneo y pasan horas jugando juntos. Mientras en gran parte de Occidente los videojuegos seguían considerándose una afición solitaria, en Corea del Sur ya formaban parte de la vida social de toda una generación.
Ese contexto terminó creando una cantera prácticamente inagotable. Millones de jóvenes crecieron compitiendo desde muy pequeños en juegos exigentes como League of Legends, ampliando la base de jugadores capaces de llegar al máximo nivel y alimentando un flujo constante de talento que continúa marcando la diferencia.
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El coliseo de la élite

Hay otro ejemplo que ayuda a entender por qué Corea del Sur ha conseguido mantenerse tantos años en la cima. Se llama The Green Arcade, un popular salón recreativo de Seúl que durante mucho tiempo reunió a los mejores jugadores de Tekken del país y acabó siendo conocido como la "Meca de Tekken".
Cuando los mejores compiten entre ellos cada día, el nivel no deja de crecer. Cada partida obliga a mejorar a la siguiente y cada jugador empuja al resto a seguir evolucionando. Mientras el listón seguía subiendo dentro de The Green Arcade, el resto del mundo intentaba seguirle el ritmo desde la distancia.
Años después, Arslan Ash reprodujo una idea muy parecida en Pakistán. El jugador, considerado por muchos el mejor profesional de Tekken de todos los tiempos, contribuyó a crear una comunidad de enorme nivel que terminó convirtiendo a su país en otra potencia internacional del juego.
El ganador, Arslan Ash, posa para una foto durante la final de Tekken 8 en el EVO 2024, celebrado en Las Vegas, Nevada (EE. UU.), el 21 de julio de 2024.

Cómo Arslan Ash convirtió a Pakistán en una potencia de Tekken

© Kristie Miu/Red Bull Content Pool

League of Legends encontró su propio equivalente, aunque sin necesidad de un lugar físico. El servidor surcoreano cumple exactamente esa función. No es casualidad que jugadores profesionales de Europa y Norteamérica viajen cada temporada al país para realizar sus bootcamps. La solo queue coreana sigue siendo el entorno de entrenamiento más competitivo del mundo.
A todo ello se suma una ventaja que suele pasar desapercibida: la latencia. Gracias a la calidad de la infraestructura de internet, el retraso entre la acción del jugador y la respuesta del juego es mínimo, permitiendo ejecutar con mucha más precisión mecánicas que en otros lugares solo resultan fiables durante competiciones presenciales.
El resultado es un entorno de entrenamiento muy parecido al de un torneo oficial. Los profesionales coreanos pasan miles de horas enfrentándose cada día a algunos de los mejores jugadores del planeta, elevando continuamente el nivel competitivo. Igual que ocurrió durante años en The Green Arcade con Tekken, esa exigencia constante ha convertido al propio ecosistema en la mayor fortaleza de Corea del Sur.
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La profesionalización de los esports

Los jugadores profesionales Huk y MC celebran la victoria en la final del Red Bull BattleGrounds en Silver Springs, EE. UU.

StarCraft II impulsó el boom de los esports en Corea

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Si la infraestructura tecnológica creó el terreno perfecto y la cultura del PC multiplicó el talento, todavía faltaba una pieza para completar el puzle. Corea del Sur fue uno de los primeros países del mundo en tratar los esports como una disciplina profesional. Mucho antes de que League of Legends dominara la escena competitiva, el país ya había empezado a construir un modelo pensado para formar campeones.
Todo comenzó con StarCraft. El lanzamiento del juego en 1998 coincidió con el auge del PC gaming en Corea del Sur y encontró el escenario ideal para convertirse en un auténtico fenómeno de masas. Su profundidad estratégica y el carácter competitivo de cada partida conquistaron a una generación que ya había hecho del ordenador su plataforma de referencia.
La popularidad de StarCraft creció a una velocidad extraordinaria. En 2001, una de sus primeras grandes estrellas, Lim "BoxeR" Yo-Hwan, conquistó los World Cyber Games y poco después firmó con SK Telecom T1 por un contrato valorado en unos 180.000 dólares. Años más tarde, esa misma organización volvería a hacer historia con la llegada de Faker.
El crecimiento de los esports fue tan rápido que el Gobierno surcoreano decidió intervenir desde el principio. Ya en el año 2000 impulsó el reconocimiento oficial de la competición profesional y, a través del Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo, promovió la creación de la Korean e-Sports Association, más conocida como KeSPA.
Desde entonces, KeSPA ha desempeñado un papel decisivo en el desarrollo de la escena competitiva. Su misión nunca fue únicamente organizar torneos o establecer normas. También consistía en profesionalizar una industria que apenas daba sus primeros pasos y demostrar que competir en videojuegos podía convertirse en una carrera profesional.
T1, ganador del torneo, en el Campeonato Mundial de League of Legends celebrado en Seúl, Corea del Sur, el 19 de noviembre de 2023.

T1 domina el Mundial de LoL como nadie en la historia

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Con el paso de los años, ese trabajo terminó dando forma a un modelo que muchos países siguen intentando reproducir. Programas de formación para jugadores, vías de acceso al profesionalismo desde escuelas y universidades y competiciones retransmitidas por televisión ayudaron a convertir los esports en una opción real para miles de jóvenes y consolidaron a Corea del Sur como la gran referencia mundial.
La influencia de ese sistema va mucho más allá de las fronteras del país. A principios de este año nació USA Esports con el objetivo de convertirse en el organismo de referencia para los deportes electrónicos en Estados Unidos. Uno de sus primeros movimientos fue establecer una colaboración con KeSPA para estudiar de cerca el modelo surcoreano.
Europa también busca recorrer ese mismo camino. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, ha defendido públicamente la idea de convertir la capital británica en un centro neurálgico para los grandes torneos internacionales y reforzar tanto la formación como las oportunidades para quienes aspiran a competir al máximo nivel.
Sin embargo, replicar ese modelo está lejos de ser sencillo. Norteamérica debe gestionar un territorio inmenso y Europa convive con un ecosistema dividido por idiomas, ligas y mercados. Corea del Sur, en cambio, lleva décadas perfeccionando un sistema que conecta infraestructura, formación y competición. Ese engranaje sigue generando talento de forma constante y explica mejor que ninguna otra razón por qué el país continúa marcando el ritmo en League of Legends.

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