Batalla de MC's
El equipo de Gazir: "Esto no lo podría haber hecho ni Pavarotti"
Manager, logopeda, entrenador, nutricionista y psicóloga cuentan cómo han preparado a Gazir para el reto más exigente de la historia de las batallas
Cuando Gazir suba al escenario el 7 de noviembre, tendrá que enfrentarse en solitario a cada uno de los 250 rivales. Pero no ha llegado solo hasta ahí. En cada rima habrá algo de una logopeda que le enseñó a usar la voz sin romperla, de un entrenador que le ha preparado para aguantar diez horas de pie, de un nutricionista que ha calculado cada sorbo y cada suplemento, de una psicóloga que le ha enseñado a levantarse en veinte segundos y de un manager que lleva años imaginando esta locura a su lado. Son las personas que le conocen cuando se apagan los focos: las que le vieron acabar “molido” en el simulacro de ocho horas y las que le estarán esperando en cada descanso.
Hemos hablado con todos ellos. Su manager, Aarón del Río; su logopeda y vocal coach, Alicia Araque; su entrenador personal, Daniel Álvarez del Val; su nutricionista, Juan Díaz, y su psicóloga, Carmen Acevedo, cuentan cómo se prepara un reto que, sobre el papel, parecía imposible.
Una locura que nació en una conversación
La idea de Gazir Contra Todos no salió de una sala de reuniones, sino de una costumbre. “Una de las cosas que más nos gustan a los dos es algo que yo llamo dibujar: hablar y hablar de ideas”, cuenta Aarón del Río, su manager. “Muchísimas se quedan ahí, en conversaciones o locuras que ni siquiera se llegan a contar a nadie. Esta no”. Hace unos tres años, en una de sus reuniones habituales con Red Bull, decidieron contarla. “Lo que parecía una locura, en sus caras se reflejaba como una idea lo suficientemente atractiva. Cuando vieron que Gazir estaba convencido, todo fue sencillo”. Desde entonces, el trabajo ha sido “bajarlo a tierra”.
Si no te diera respeto, no sería un reto
¿Hubo dudas? Echarse atrás, asegura Aarón, “nunca estuvo encima de la mesa”, aunque admite que, a medida que se acerca la fecha, aparecen “muchos más miedos y preocupaciones”. Lo ve como parte del proceso. Y lanza un aviso para quien le vea el día 7: “Cuando llega el día, Gazir es una de las personas más tranquilas que puede haber en el escenario”.
Una voz que ni Pavarotti podría sostener
Si hay algo que preocupa a todo el equipo, es la voz. Lo confiesa el propio Aarón sin rodeos: “Solo me preocupa la voz. La voz a partir de la batalla 160. Esas 40 últimas batallas son las que más me preocupan”. Alicia Araque, su logopeda y vocal coach, lo vio claro desde el primer día. “El caso de Gazir es muy curioso, porque cuando hablas con él, habla muy grave. Sin embargo, lo ves en el escenario y estás viendo una auténtica fiera con una voz muy de garganta”. Esa forma de rapear, que ella llama “hardcore”, tiene un problema: “Tiene un límite físico: no se puede mantener en el tiempo”.
El diagnóstico fue tajante. “Cualquier logopeda o foniatra te va a decir que la voz profesional no se puede utilizar de seguido más allá de dos o tres horas sin riesgo de lesión”, explica. Gazir tendrá que sostenerla más de diez.
Esto no lo podría haber hecho ni Pavarotti, porque tiene un límite físico
El trabajo ha consistido en encontrar una voz nueva sin perder al Gazir de siempre: “Una voz intermedia en la que, con técnica vocal, consigamos ese mismo estilo, pero con una voz más equilibrada”, detalla Araque. La clave es aprender a autorregularse: bajar la intensidad al principio y, cuando sube la energía, llevar la voz “a ese punto que no le daña”. Para conseguirlo, la logopeda ha tirado de un arsenal poco habitual: respiraciones Tummo, “lo que hacen los monjes del Himalaya”, para dominar la respiración y el sistema nervioso; tubos para fonar dentro del agua, máscaras y nebulizadores. Y ha encontrado un alumno a la altura: “Gazir es buen alumno, muy disciplinado e inteligente”.
El punto de inflexión llegó en el segundo simulacro, de unas ocho horas. “Ahí acabó molido”, recuerda Araque. Aarón lo vivió como el peor momento de toda la preparación: “Cuando ves que su voz se quiebra totalmente y la pierde”. Pero aquel golpe sirvió. “Él no era consciente de lo importante que era autorregularse. Ese punto de inflexión, el haberlo pasado mal, en realidad fue beneficioso para ver el riesgo que hay y cómo sortearlo”, explica la logopeda.
Pasarlo mal en aquel entrenamiento fue beneficioso para ver el riesgo que hay y cómo sortearlo
En la recta final ha tomado el relevo la coach vocal Verónica Ferreiro, que trabaja con él a diario sobre el escenario. “Ha sido precioso, porque incluso han hecho falta dos profesionales de la voz para trabajar con él”, dice Araque, que reivindica el esfuerzo vocal del freestyle: “Aunque entre los artistas el rap está un poco menospreciado vocalmente, es súper exigente en un montón de áreas”. Su voz, admite, “lo va a notar al final”. Aarón lo tiene asumido: “Tengo claro que al día siguiente Gazir no va a poder hablar”.
Diez horas de pie sin perder el aire
Para Daniel Álvarez del Val, su entrenador personal, el reto planteaba una pregunta nueva. “En una circunstancia normal te diría que no tienes por qué tener un cuerpo muy trabajado para hacer freestyle”, reconoce. “Pero en este reto era muy necesario trabajar fuerte”. Lo que más le preocupaba eran las horas de pie: “Toda la parte postural, espalda baja, quizá tobillos, rodillas, ese tipo de articulaciones”.
La preparación física ha durado cuatro semanas, divididas en dos bloques. Primero, fuerza: ejercicios multiarticulares y trabajo de estabilidad en abdomen, abductores y glúteo medio. Después, resistencia, para mejorar su consumo máximo de oxígeno. “Como es un artista que va a tener que utilizar mucho aire en las barras, es importante que tenga capacidad para no agotarse mientras lo está haciendo”, explica. El abdomen, además, era clave para no ahogarse: “Parte de la musculatura respiratoria tiene que ver con la musculatura abdominal”.
No se puede comparar con ningún deporte a nivel de esfuerzo. La dificultad de este reto es muy grande
La filosofía han sido esfuerzos cortos e intensos para no quitarle frescura. “Él tiene que estar fresco para poder rapear, para poder hacer su freestyle, para ser él”. Gazir ha hecho dos simulaciones del reto, de seis y ocho horas, y el cuerpo ha respondido: “El físico no ha sido un factor limitante de su rendimiento”. Sobre su actitud, el entrenador no tiene dudas: “Ha trabajado impecable, muy determinado y, sobre todo, con mucha convicción”. Juan Díaz, su nutricionista, sí se atreve: “El mejor comparativo podría ser un partido de tenis. En cuanto a horas es igual de duro”. Aunque a nivel mental, asegura, la exigencia es mayor que la de un partido de tenis de máximo nivel: “El esfuerzo mental de mantener una respuesta épica en cada batalla es brutal”.
Una obra de arquitectura nutricional con “solución mágica”
Juan Díaz conoce bien a Gazir. Ya trabajó con él en 2023, cuando, confiesa, “sí que comía mal”. Esta vez partían de una base sólida: aumentaron las proteínas, bajaron ligeramente las grasas y ajustaron los hidratos “en lo justo y necesario para que pudiera rendir bien”. Lo que más le costó dejar fue el azúcar. “Por suerte existen los Red Bull 0% azúcares”, bromea.
El gran desafío era otro: tener energía durante diez horas sin sentirse lleno. “Es toda una obra de arquitectura nutricional”, resume. La primera prueba fue un fracaso: mucha carga de hidratos, solo líquido durante el entrenamiento y Gazir yendo al baño una y otra vez. En el último entreno dieron con lo que él llama “la solución mágica”: un litro de bebida isotónica por cada bloque de 40 batallas, una gelatina alta en carbohidratos en los descansos y un plátano en el cambio del tercer al cuarto bloque.
Después de la batalla le espera una caja entera de cookies y muy probablemente un cachopo más grande que él
El isotónico resuelve, además, el problema del baño: “Ayuda a equilibrar el nivel salino y acuoso del cuerpo, propiciando la necesidad de ir al baño justo cuando tiene el descanso”. Y alimenta la cabeza. “Constantemente durante todo el reto va a tener carbohidrato circulante en sus venas”, explica Díaz, que ha incorporado suplementos para la agilidad mental como el omega 3 y la creatina. Y después de la batalla 200, premio. No es un capricho: el desgaste del reto debe recuperarse en las cuatro o cinco horas posteriores, y el cuerpo le pedirá azúcar y proteínas. “Por eso, el cachopo, ya que estamos en Asturias, va a ser la receta ideal”, explica Díaz.
La cabeza: veinte segundos para volver a empezar
Si la voz es la mayor preocupación, la cabeza es el arma decisiva. Carmen Acevedo, psicóloga de artistas, lo planteó desde el primer día como “un reto de resistencia física, cognitiva y emocional muy particular”. El foco de la preparación no ha estado en ganar, sino en gestionar la energía batalla a batalla: “Los recursos cognitivos son limitados, y ese es el reto: llegar a la última hora con el depósito aún con combustible”.
Gazir ha reconocido que el reto le “acojona un poco” y que se juega “todo el aura” de su vida. Acevedo no quiere quitarle ese miedo, sino ponerlo en su sitio: “En su justa medida, ayuda a mejorar el rendimiento. Lo que perjudica es el exceso, o interpretar ‘tengo miedo’ con ‘no soy capaz’”. El trabajo ha consistido en separar el reto de su identidad: “Trabajamos para que el reto siga siendo importante, que conserve su ambición y su significado, pero que no se convierta en un juicio sobre quién es Gazir”.
Una derrota es lo que es: el resultado de una batalla, no una predicción de lo que viene
La derrota es el momento más delicado. Aarón conoce bien cómo la vive Gazir en las grandes citas: “Necesita estar unos minutos solo. A lo largo del evento lo ves cabizbajo”. En Gijón no tendrá ese tiempo: la siguiente batalla llegará veinte segundos después. Por eso Acevedo ha entrenado una respuesta concreta. Tras una derrota, “la amígdala, que es la parte del cerebro encargada de detectar amenazas, intenta tomar el control”. La solución es “una rutina corta de reinicio para devolver la atención donde debe estar: en el siguiente rival”.
También hay plan para las rachas. “Una racha negativa es el momento de mayor riesgo, porque cada derrota alimenta la duda y la duda empeora la siguiente batalla”, advierte. El protocolo es sencillo: “Reconocer objetivamente lo que ha pasado, cortar la evaluación de la batalla si aparece, y volver al presente”. Porque, como recuerda, “una derrota es lo que es: el resultado de una batalla, no una predicción de lo que viene”.
El flow es un estado que no se puede forzar. No se puede apagar el cerebro racional y dejar que todo fluya
Y luego está el trance que describió Arkano tras sus 24 horas improvisando. Para Acevedo, se parece al estado de flow: “Atención totalmente focalizada, sensación de fluidez y menos autocrítica”. No se puede forzar, pero sí preparar el terreno: “Buena activación, foco claro y confianza”. En el freestyle, además, tiene una dificultad añadida: “Demasiado control bloquea la creatividad, pero demasiado poco puede hacer que pierda la capacidad de seleccionar las mejores respuestas”. Encontrar ese equilibrio es, dice, “uno de los grandes retos que tiene Gazir”.
Cuatro minutos que valen oro
Todo el trabajo del equipo desemboca en los descansos: cuatro minutos cada 40 batallas en los que hay que hacerlo todo. “Entre todos los especialistas que le estamos acompañando hemos diseñado una rutina de recuperación muy estructurada”, cuenta Carmen Acevedo. “En ese tiempo no se analiza lo que ha pasado ni se dan charlas motivacionales. Son cuatro minutos para atender necesidades básicas, cuidar la voz, hidratarse, recuperar energía y hacer un pequeño reinicio mental”.
Ahí entra Aarón, que esta vez cambiará su sitio de siempre. “En los eventos normalmente suelo estar un poco más apartado. Me gusta ver las batallas desde lejos”, confiesa. El 7 de noviembre estará pegado a Gazir: “Tiene que hacer tantas cosas en esos minutos de descanso que él solo no podría hacerlas. Tiene que bajarse del escenario e intentar pensar lo menos posible, agotarse lo menos posible y hablar lo menos posible”. Hasta el último día, Gazir sigue siendo Gazir. Aarón le planteó que dejara de entrenar a partir del miércoles previo al reto. La respuesta fue inmediata: “Yo me conozco, sé que necesito entrenar”.
El Gazir que ve su equipo: “Quedará grabado”
¿Qué tiene Gazir para atreverse con algo así? Carmen Acevedo habla de flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo, control inhibitorio y atención dividida, pero pone el foco en algo más: “Su enorme capacidad para manejar la incertidumbre, tolerar la exposición y la evaluación pública, algo que a la mayoría de las personas les paraliza”. Y lo resume en tres rasgos: “Ambición, disciplina y capacidad de reírse de sí mismo”.
Aarón va más allá. Le preguntamos qué sabe de Gazir que la gente no sepa, y su respuesta suena a profecía: “Tengo toda la seguridad del mundo de que Gazir será en los próximos años la persona más reconocida y más influyente de esta disciplina”. Después del 7 de noviembre, el objetivo es que el reto sirva para que “el freestyle pueda cruzar fronteras de verdad”.
Va a ser uno de los freestylers más importantes de la historia. Lo sabremos dentro de unos años, y este mensaje quedará grabado
La voz trabajada al milímetro, un cuerpo preparado para aguantar de pie, una alimentación calculada bloque a bloque y una cabeza entrenada para levantarse en veinte segundos. Gazir llega a Gijón con todo su equipo detrás. Lo demás, esas 200 batallas, dependen ya solo de él.