Lancer Lirical tiene palabra: “Espero ganar. Quiero ganar. Voy a ganar”. Lo dijo días antes de la Final Sudamérica de Red Bull Batalla 2026, sin rodeos. Fue una decisión que sostuvo hasta el último segundo y la convirtió en un título continental este 14 de febrero en el Teatro Colsubsidio de Bogotá.
Su campeonato no salió de la nada. Lancer lleva años compitiendo fuera de Venezuela, construyendo nombre en escenarios internacionales y sosteniéndose a punta de resultados. Llegó a esta final con 38 finales disputadas, 309 batallas y 218 victorias en su historial. Campeón nacional de Venezuela en No Se Aceptan Pollos en 2016; tercer lugar en Red Bull México en 2019 y 2021; campeón internacional en Puerto en Versos 2017. Un recorrido hecho con constancia, exposición real y aprendizaje competitivo.
En Bogotá habló de identidad, proceso colectivo y de una escena venezolana que decidió no esperar oportunidades, sino competir hasta ganarlas. “¿Nos faltan puertas? Vamos a construirlas”, había dicho en la previa. Y cuatro venezolanos en semifinales confirmaron que no era una frase decorativa, era un momento concreto.
En la final enfrentó a Chang, campeón sudamericano en 2024 y una de las voces más reconocidas del circuito. Era un cruce entre trayectorias largas. La batalla fue técnica y mental: lectura fina, cierres medidos y convicción en cada ataque. Lancer encontró el detalle, ajustó donde debía y cerró mejor.
Cuando levantó el trofeo, no celebró una sorpresa, celebró una meta cumplida. Un triunfo sobre sí mismo. Dijo que se trataba de: “Un campeonato era algo que visionaba como una fantasía”, dijo en su euforia. Ahora lo espera la Final Internacional en Santiago de Chile, el sábado 11 de abril de 2026. Y esta vez llega como campeón de Sudamérica.
Un campeonato era algo que visionaba como una fantasía
¿Qué significa para ti ganar este campeonato y asegurar tu lugar para representar al continente en el Internacional de Chile?
Consolidación. Yo creo que, a través de los años, si bien he hecho muchas participaciones muy buenas en muchos lugares, no he tenido la chance de llevarme el campeonato, y esta vez sí. Esta vez tuve la oportunidad de llevarme el titulaje y, gracias a la vida, pues aquí lo tenemos, lo tenemos en las manos. Y ojalá que de aquí en adelante los que vengan sean puros éxitos.
En el previo, dijiste que, si faltaban puertas, había que construirlas, ¿qué ha sido lo más intenso o revelador de este proceso?
Entender que la primera persona que tiene que confiar en mí soy yo, para que cuando los demás confíen, sea real. Y no solamente confíen en algo invisible, sino en algo tangible que yo estoy construyendo y tengo a la mano. Por eso esas puertas se estuvieron construyendo durante diez años con mis amigos: con Letra, con Chang, con McKlopedia, en cada lugar al que llegábamos, dejando una huella de lo que somos como venezolanos.
Y al fin, a mí se me abrió esta puerta el día de hoy, y esperemos que a futuro no solo sea yo, sino sean muchísimos otros venezolanos que se sientan con la fortuna de poder pasar por ese portón.
La final estuvo atravesada por la identidad venezolana. Al representar a Sudamérica, ¿qué parte de tu historia debía salir con más fuerza hoy?
Esa parte que le tocó pasar trabajo, que le tocó caminar por el desierto de Chile, esa parte que le tocó dormir en las calles de Lima, esa parte que le tocó esforzarse de sobremanera para poder mantener un temple en los momentos donde, pasara lo que pasara, había que dar el 100 % de nosotros. Así que esa fue mi parte en la que se hizo presente: el migrante que se ha esforzado por cada cosa que tiene hasta el día de hoy.
Hubo momentos donde las batallas estuvieron muy parejas. ¿En qué instante sentiste que la victoria podía escaparse y cómo lo enfrentaste mentalmente?
Contra Cristonita en la semifinal. Hizo un primer round increíble. Creo que todos estuvieron tratando de menospreciarla por ser mujer, decirle que: “a la cocina, que si no sé qué”. Yo no. Cuando yo batallo con un tipo, le tiro toda la basura que se me pasa por la mente, ¿por qué no voy a hacer lo mismo al batallar con una morra? Y no solo reducirla a ser una morra. Y eso me dio, gracias a la vida, la victoria para pasar a la final. Si no, en ese momento, se me hubiera escapado y no hubiera tenido problema. Lo hizo increíble, Cristonita, la verdad.
¿Cómo viviste el cruce final con Chang y qué significa disputar un título continental frente a alguien que viene del mismo proceso y escena que tú?
Un reto. Él tenía tanto que perder y que ganar como yo. Y en sus ojos me vi y él en mis ojos se vio, y estoy seguro de que el resultado se decidió con base en el que tenía el mejor día y no a quien haya luchado más, sino a quien en ese momento tenía la convicción de que el campeonato se iba para sus manos. Y gracias a la vida fui yo y aquí estamos.
Competir en una instancia así cambia la percepción propia. ¿Qué descubriste sobre ti mismo hoy que no sabías antes?
Que soy muy bueno. Y aunque mucha gente lo ha puesto en duda, hoy comprobamos que soy muy bueno. Bastante bueno.
De cara a la Internacional en Chile, ¿qué crees que tendrás que fortalecer mental o emocionalmente para competir al siguiente nivel?
Creo que volver a las riendas de ese Lancer que competía a nivel mundial antes de la pandemia, ese que llegó a la pandemia y dijo: "Pues las cosas están un poco difíciles, así que vas a tener que descansar de ese personaje que has creado". Y en este momento necesito recuperarlo, traerlo al escenario y decir: “Este es el que siempre he sido, lamento no haber estado por un rato, pero ahora volvimos y mejor que nunca”.