Gazir Contra Todos
© Red Bull Batalla
Batalla de MC's

La neurociencia explica Red Bull Gazir contra Todos: Un cerebro al límite

La psicóloga y doctora en Neurociencia Ana Asensio y la doctora en Psicología Laura Herrero Pérez explican el esfuerzo extraordinario que exigirá al cerebro del MC asturiano
Por Gonzalo Mendo
9 minutos de lecturaPublicado el
El 7 de noviembre, en Gijón, Gazir intentará algo que no ha hecho nadie en la historia del freestyle: 200 batallas de freestyle seguidas contra 250 rivales, durante más de diez horas. Para su voz y su cuerpo tiene logopeda, coach vocal, entrenador y nutricionista. Para su cabeza, la ciencia todavía no tiene manual.
Lo más parecido a ese manual es un estudio publicado en 2012 en la revista Scientific Reports. Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos incluyeron a doce raperos en un escáner cerebral y compararon dos momentos: cuando recitaban una letra aprendida y cuando improvisaban. Al improvisar, ganaba actividad la zona del cerebro que genera ideas propias y la perdía la que planifica y controla lo que decimos.
En 2008 ya habían visto hecho parecido en pianistas de jazz. La conclusión es sencilla: para crear sobre la marcha, el cerebro suelta el freno del control. Es lo que en psicología se llama flow, ese estado en el que estás tan metido en lo que haces que todo sale casi solo.
Gazir lo ha notado en sus ensayos. En las simulaciones de seis y ocho horas que ha hecho antes del reto, cuenta que entra en una especie de “automático” en el que le cuesta saber si lo está haciendo bien o mal. Ya lo había hablado con Arkano, que improvisó durante 24 horas seguidas: “Cuando improvisas tantas horas, la mente entra en una especie de trance en el que las ideas te llegan muy rápido. Pero tienes que sujetar un poco las riendas de ese caballo para no saturarte”, explicaba Gazir.
Gazir

Gazir

© Gianfranco Tripodo / Red Bull Content Pool

Lo que va a hacer Gazir va más allá de lo que ha medido cualquier laboratorio: ningún estudio ha seguido a un freestyler durante diez horas. Para entender lo que va a exigir a su cabeza, hemos hablado con dos especialistas: Ana Asensio, psicóloga y doctora en Neurociencia (vidasenpositivo), y Laura Herrero Pérez, doctora en Psicología de la Universidad Camilo José Cela, con experiencia en psicología de la música.

Todo el cerebro, al servicio de la rima

Para sostener algo así, a Gazir no le basta con una parte del cerebro: tiene que poner a trabajar a todo el equipo a la vez. “No hay una única ‘zona de la improvisación’. Improvisar es coordinar varias tareas a la vez: buscar palabras y asociaciones, mantener el ritmo, atender al rival, anticipar la respuesta y controlar lo que se dice”, explica Ana Asensio. Laura Herrero lo describe como un equilibrio: “La improvisación requiere una base de conocimiento y práctica que permite usar los recursos con cierto nivel de automatización, y a la vez implica procesos más complejos de toma de decisiones y adaptación al adversario, que implican áreas prefrontales”. La atención, añade, “está implicada de forma transversal”.
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En el cerebro de Gazir se han creado innumerables rutas para elegir a base de mucho entrenamiento y repetición
Ana Asensio
Lo de Gazir va mucho más allá de aquel experimento con raperos, que según Asensio fue pequeño y no se puede trasladar “a diez horas de competición”. Lo que sí explica es por qué un freestyler de élite puede llegar tan lejos: “Cuanta más experiencia tiene el freestyler, menos necesita construir cada decisión desde cero”.

El “automático” de Gazir: la mente en modo flow

Es lo más fascinante del reto. En los ensayos más largos, Gazir siente que entra en una especie de piloto automático: las rimas salen solas, pero a veces cuesta saber si lo está haciendo bien o mal. Ana Asensio lo relaciona con el flow, ese estado de concentración máxima que persiguen deportistas y artistas: “Una concentración intensa, en la que la persona está muy metida en la tarea y las acciones salen con fluidez”.
Lo que se apaga en ese estado, explica la doctora en Neurociencia, no es el cerebro, sino el juez interno. “Eso no significa que pierda la conciencia ni que deje de funcionar el cerebro. Puede disminuir la atención que dedica a juzgarse en cada instante, esa voz que suele preguntarse ‘¿lo estaré haciendo bien?’ o ‘¿qué pensarán?’”. De ahí que después quizá le cueste valorar su rendimiento desde dentro, algo que, matiza, “no demuestra que haya perdido toda capacidad de evaluación”.
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Automatizar no quiere decir que el cerebro deje de trabajar, sino que necesita menos control consciente para habilidades ya aprendidas
Ana Asensio
Laura Herrero aporta la otra cara de ese piloto automático: la del esfuerzo. “Ante este tipo de retos puede haber sobrecarga atencional. Esa sobrecarga limita los recursos para supervisar, y se funciona más de forma automática”. Dicho de otro modo: cuando la exigencia se dispara, el cerebro confía en todo lo que ya tiene aprendido. Asensio coincide en que esa sensación puede nacer de la concentración y la práctica, pero también, en ocasiones, de la fatiga acumulada.
Lo que no existe es una onda cerebral del freestyle. “No se puede decir que Gazir vaya a estar ‘en alfa’ o ‘en beta’ durante todo el reto”, aclara Asensio. Su cerebro irá cambiando de ritmo según lo que le pida cada batalla: atención, memoria de trabajo, generación de ideas o control de la respuesta. Diez horas en las que la mente de Gazir no tendrá un solo modo, sino muchos.

Doce horas al límite: ¿cómo puede afectar al cerebro?

Es la gran pregunta ante un esfuerzo de este calibre, y las dos expertas lo comparan con el deporte de élite. “Se trataría más de fatiga que de daño, parecido a lo que sucede en el deporte”, resume Laura Herrero. Asensio lo desarrolla: “En una persona sana, el esfuerzo mental prolongado no suele dañar el cerebro por sí mismo. Lo esperable es que aparezcan fatiga y dificultad para regular la frustración, y que esas capacidades mejoren con recuperación, sueño y alimentación”.
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Se va a someter a un reto cognitivo que excede a lo habitual, especialmente por su duración y el poco tiempo de descanso
Laura Herrero
Eso no le resta ni un gramo de dificultad. Al esfuerzo mental se suma una exigencia física y vocal enorme, y Asensio insiste en que importan el descanso, la hidratación, la comida, la temperatura, el ruido y la tensión emocional. ¿Dónde está el límite? “La exigencia empieza a ser excesiva cuando la persona ya no logra recuperar la atención en los descansos, su rendimiento cae de forma sostenida o se vuelve muy difícil regular las emociones. Un reto así requiere observar cómo está el participante, no guiarse solo por el número de horas”. Confusión marcada, desorientación o síntomas físicos intensos serían señales para parar.
Y no, no es como meditar doce horas. Es mucho más exigente. “En una batalla, el cerebro debe generar lenguaje con rapidez, seguir el ritmo, leer al oponente y responder bajo evaluación social. Este reto exige un control atencional sostenido, pero con mucha más producción cognitiva, cambio de foco y presión”, señala Asensio.

Acostumbrar al cerebro a olvidar la derrota

Gazir lanzando rimas en el cypher

Gazir lanzando rimas en el cypher

© Marcos Ferro

Gazir solo puede permitirse diez derrotas, y después de cada una tendrá apenas veinte segundos para volver a levantarse. “Perder puede activar frustración, vergüenza, rabia o presión, y esas emociones consumen parte de la atención que necesitas para la siguiente batalla”, explica Asensio. Cómo afecte depende, según ella, del carácter resiliente de cada uno y del entrenamiento para salir de los bloqueos.
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No hace falta ‘no sentir’ la derrota; lo que hace falta es que no ocupe todo el espacio mental
Ana Asensio
¿Se puede recuperar la cabeza en tan poco tiempo? Para Asensio, la clave está en llegar con una rutina preparada. “Veinte segundos es muy poco para elaborar emocionalmente lo ocurrido, pero puede bastar para una rutina breve y entrenada: soltar aire, identificar la siguiente tarea, escuchar el ritmo y volver al presente”, explica. Laura Herrero pone el foco en la autorregulación, justo lo que el equipo de Gazir lleva semanas entrenando. Una capacidad que, recuerda, “también se puede trabajar para minimizar el impacto emocional de perder y ser capaz de seguir”.

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Un cerebro entrenado para hacer historia

¿Hace falta ser superdotado para algo así? Las dos expertas apuntan a algo que no se regala: talento pulido durante años de entrenamiento. “No hay un perfil de persona como tal. Si tienes talento natural, la base te facilita hacerlo, pero sin entrenamiento y con este nivel de dificultad, el talento innato no es suficiente”, señala Herrero. Asensio coincide: “No hace falta atribuirlo solo a las altas capacidades. Aquí cuentan el talento verbal y rítmico, la memoria de trabajo, la rapidez para asociar ideas, la experiencia escénica y la tolerancia a la presión”.
Laura Herrero, que conoce de cerca la psicología de la música, recurre al jazz: “Hay estudios sobre improvisación musical en el jazz que apuntan a una mayor eficiencia en el funcionamiento cognitivo y a ciertas mejoras en las áreas cerebrales implicadas”. Asensio lo matiza: los estudios disponibles no bastan para hablar de un cambio en la estructura cerebral exclusivo de los freestylers, pero “la idea sólida y demostrada es que la práctica modifica el rendimiento y la organización funcional de las habilidades”.
Ahí está la diferencia entre Gazir y cualquiera que intentara imitarle. “Al cerebro no le pasaría nada, pero sin entrenamiento seguramente la sobrecarga llegaría muy pronto, como el agotamiento en un deportista”, explica Herrero. Para Asensio, esa persona tendría que controlar conscientemente demasiadas cosas a la vez: “Esa sobrecarga sin entrenamiento podría hacer que se quede en blanco, se repita o pierda el hilo con más facilidad”.

Doce horas para hacer historia

Más allá de la resistencia, el 7 de noviembre pondrá a prueba una forma muy concreta de pensar. Improvisar en una batalla no es solo rimar rápido: es escuchar al rival, entender su ataque, encontrar la respuesta, encajarla en la base y soltarla en el momento justo, con el público reaccionando a cada verso. Todo eso, unas 200 veces seguidas.
Gazir

Gazir

© Gianfranco Tripodo / Red Bull Content Pool

Ahí es donde los años de práctica marcan la diferencia. Ana Asensio explica que el entrenamiento cambia cómo se reparte el esfuerzo. Lo que a cualquiera le saturaría, a Gazir le deja margen para crear: con la práctica, “queda más capacidad mental disponible para jugar con las ideas y el contexto”.
La doctora en Neurociencia describe ese perfil como una mezcla poco común: “Una combinación de aptitudes innatas de fluidez verbal, rapidez de respuesta, elocuencia y una gran capacidad para sostener el esfuerzo y tener foco”. Y, como recuerda Laura Herrero, ese talento solo llega tan lejos con un entrenamiento cada vez más exigente.
Por eso Gazir no estará solo. “En un reto tan largo, los descansos y la supervisión importan tanto como la capacidad de improvisar”, advierte Asensio. Detrás tendrá a un equipo que lleva semanas preparando cada detalle, de la voz a la alimentación, para exprimir cada descanso de cuatro minutos. Al final, todo se juega dentro de su cabeza. Asensio lo describe así:
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Su cerebro tendrá que alternar, durante horas, entre la concentración del directo y la fluidez que da la práctica, recuperándose una y otra vez de la fatiga y de cada respuesta emocional. Es algo que nunca se había visto
Ana Asensio
Gazir lo resumió a su manera antes del reto: “Es una locura que, o es imposible, o puedo hacerla yo”. Después de semanas de preparación, su cerebro llega listo para intentar lo que nadie ha hecho. El 7 de noviembre, en Gijón, puede escribir una página única en la historia del freestyle.