Alain Prost, el piloto de Fórmula Uno, en acción con su monoplaza.
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F1

Alain Prost, el (mal) olor de la victoria

En 1981, Alain Prost ganó su primer GP de F1 con un coche que apestaba a pescado. De esta manera tan particular el francés comenzó a forjar su leyenda y la de la era turbo.
Por François Blet
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"El olor era tan fuerte que ahuyentó a la prensa durante todo el fin de semana", recuerda Bernard Dudot. Se trataba de un delicado aroma a pescado. ¿El lugar? El garaje del equipo Renault-Elf durante el Gran Premio de Francia de 1981 en el circuito de Dijon-Prenois. Incluso se llegó a pensar que algún mecánico había decidido asar un besugo en la trasera del box.
La fragancia provenía del propulsor del monoplaza que pilotaba Alain Prost: "Habíamos encontrado la manera de enfriar la entrada de aire del motor para mejorar su rendimiento", continuó Dudot, ingeniero y jefe del programa Turbo en Renault Sport. "Pero en ese momento no teníamos hielo seco en el circuito. Así que compramos hielo normal en una pescadería que había a tiro de piedra del trazado permanente...".
Así, con un RE30 y su intercooler potenciado con extracto de sardina, el joven Alain Prost, de 26 años, se clasificó en tercera posición y luego alcanzó la que sería su primera victoria, que además la conseguía en el Gran Premio de casa. La prueba estuvo marcada por una violenta tormenta que interrumpió la carrera en la vuelta 59. Lo que supuso un regalo para los coches de Renault, que entonces llevaban más combustible que los monoplazas con motores atmosféricos. Un detalle que les impedía montar neumáticos blandos porque, debido al exceso de peso, las gomas no duraban todo el Gran Premio.
Pero si solo se trataba de dar 22 vueltas, la cosa cambiaba. Así que las circunstancias favorecieron al futuro “Profesor (el apelativo por el que sería conocido Alain Prost).
En Renault-Sport estaban doblemente satisfechos. En primer lugar, ese triunfo validaba la elección de Prost, que llegó tras un prometedor y difícil primer año en la F1 con McLaren. Pero el champán también calmó a un equipo que en ese momento estaba en apuros. Antes de Dijon, Renault no había sumado ningún punto, y Ferrari acababa de ganar dos Grandes Premios con un motor turboalimentado. El mismo propulsor que el fabricante francés había contribuido a imponer en la F1.
Más que una obsesión, el sistema de admisión por turbo era la razón de ser del equipo. Gracias a esta idea Renault decidió entrar en la F1 y con esa tecnología tenían como objetivo alcanzar la victoria: "Construir un motor turbo fue una decisión muy importante", confirma Dudot, relatando el inicio de la aventura en 1976. "Éramos un grupo de jóvenes ingenieros en Viry Châtillon, todos muy entusiastas con una visión audaz del futuro. Estábamos tan seguros de nosotros mismos que fuimos capaces de convencer al presidente de Renault, Bernard Hanon, de que teníamos que entrar en la F1. Fue una idea muy loca en su momento. Afortunadamente, él nos siguió la corriente”.
Los comienzos fueron difíciles porque el motor era demasiado pesado para un monoplaza, además se mostró frágil, con problemas de fiabilidad en piezas como los pistones o las válvulas.
Durante los primeros ensayos con el prototipo, Jean-Pierre Jabouille, un piloto de los años 70, llegó a decir que el coche era “inconducible”. Los rivales de Renault lo apodaron “la tetera amarilla”, por su propensión a echar humo. Los mismos que, con el paso del tiempo, después de cuatro victorias y 11 poles en 1980, empezaron a creer en las bondades de la tecnología turbo.
“Adaptar el turbo a la F1 fue una apuesta arriesgada. La tecnología turbo ya existía, por supuesto, pero solo se utilizaba en camiones. La competición obligó a acelerar el desarrollo de la sobrealimentación. La industria va despacio pero la F1 exige resultados inmediatos, en semanas o incluso días”, recordó Alain Prost en 2017.
El “Profesor” se proclamó en 1985 campeón del mundo con otro motor turbo, un Tag-Porsche V6 del equipo McLaren. Esta fue la primera de las cuatro últimas temporadas de la era turbo (cuando toda la parrilla empleaba este sistema). Hasta que la FIA lo prohibió en 1989 por ser demasiado potente. Luego regresó en 2014, con una versión mucho más compleja y ya sin apestar a pescado…